Labordeta: la sabiduría de un hombre bueno

Enero de 2010, Sopars amb… : Interesante entrevista a José Antonio Labordeta, un bonito epitafio a una larga vida

Recordando a José Antonio Labordeta:

www.heraldo.es/noticias/adios_labordeta.html

http://zaragozame.com/labordeta/

http://www.10lineas.com/labordeta/

música www.yes.fm/musica/Labordeta

Un país en la mochila www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/2759570/Un-Pais-En-La-Mochila-DVDRip-espanol-MU_-UA.html

Fuente vídeo entrevista
www.soparsamb.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=13:videos&Itemid=9

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La Flor más grande del Mundo [ A maior flor do mundo]

Cortometraje La flor más grande del mundo (2008), basado en el cuento infantil A maior flor do mundo, de José Saramago

Música: Emilio Aragón
Ilustraciones: Diego Mallo
Adaptación escrita y dirigida por Juan Pablo Etcheverry

e-book  La flor más grande del mundo

Fuente vídeo http://www.youtube.com/user/ProjectoIuris

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Consejos útiles de JuLio CoRTáZaR

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo.
Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.

Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico.
Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se te rompa.

Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes.
No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

 

Instrucciones para subir una escalera

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables.
Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños,formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente.
Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie). Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera.
Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

Textos que pertenecen a Historias de Cronopios y de Famas

Historias de Cronopios y de Famas, 1962  (comentadas por Julio Cortázar) 


Spot publicitario de ‘Seat León’, se usó un fragmento de ” Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj”

 

Sobre Julio Cortázar:

http://www.cortazar2004.org/

http://www.juliocortazar.com.ar/

http://ar.geocities.com/veaylea2002/cortazar/cortazar.htm

http://www.literatura.org/Cortazar/Cortazar.html

R A Y U E L A: Talita, el mate y unos clavos

RAYUELA (texto completo lectura online)

La Masacre de la bananera en Cien años de soledad

Para leer  “Cien años de soledad” es aconsejable hacer el árbol genealógico de la familia Buendía para no perderse. Tantos ‘Aurelianos Buendía’ llegan a confundir, pero la narración de los cien años de existencia de Macondo te cautiva y el final de la novela es mágico e imprevisible.

De todos los episodios que narran la evolución del pueblo de Macondo hay uno enigmático. Se trata de una matanza de obreros de una bananera, United Fruit Company,  instalada en el pueblo, que en un principio suponía modernización.
Hace años no existía la información global que hoy tenemos y no se sabía si se escondía un hecho real tras el realismo mágico de Gabriel García Márquez.
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Y en efecto, García Márquez quiso plasmar un hecho histórico: La masacre de las bananeras.

Os extraigo unos párrafos del relato:

Capítulo XV

– ¡ Tírense al suelo! ¡ Tírense al suelo!
Ya los de las primeras líneas lo habían hecho, barridos por las ráfagas de metralla. Los sobrevivientes, en vez de tirarse al suelo, trataron de volver a la plazoleta, y el pánico dio entonces un coletazo de dragón, y los mandó en una oleada compacta contra la otra oleada que se movía en sentido contrario, despedida por el otro coletazo de dragón de la calle opuesta, donde también las ametralladoras disparaban sin tregua. Estaban acorralados, girando en un torbellino gigantesco que poco a poco se reducía a su epicentro porque sus bordes iban siendo sistemáticamente recortados en redondo, como pelando una cebolla, por las tijeras insaciables y metódicas de la metralla. El niño vio a una mujer arrodillada, con los brazos en cruz, en un espacio limpio, misteriosamente vedado a la estampida. Allí lo puso José Arcadio Segundo, en el instante de derrumbarse con la cara bañada en sangre, antes de que el tropel colosal arrasara con el espacio vacío, con la mujer arrodillada, con la luz del alto cielo de sequía, y con el puto mundo donde Úrsula Iguarán había vendido tantos animalitos de caramelo.
Cuando José Arcadio Segundo despertó estaba bocarriba en las tinieblas. Se dio cuenta de que iba en un tren interminable y silencioso, y de que tenía el cabello apelmazado por la sangre seca y le dolían todos los huesos. Sintió un sueño insoportable. Dispuesto a dormir muchas horas, a salvo del terror y el horror, se acomodó del lado que menos le dolía, y solo entonces descubrió que estaba acostado sobre los muertos. No había un espacio libre en el vagón, salvo el corredor central. Debían de haber pasado varias horas después de la masacre, porque los cadáveres tenían la misma temperatura del yeso en otoño, y su misma consistencia de espuma petrificada, y quienes los habían puesto en el vagón tuvieron tiempo de arrumarlos en el orden y el sentido en que se transportaban los racimos de banano. Tratando de fugarse de la pesadilla, José Arcadio Segundo se arrastró de un vagón a otro, en la dirección en que avanzaba el tren, y en los relámpagos que estallaban por entre los listones de madera al pasar por los pueblos dormidos veía los muertos hombres, los muertos mujeres, los muertos niños, que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo. Tomado de http://sololiteratura.com/ggm/marquezlahuelga.html


tren

e-book  en Issuu.com:      Cien Años de Soledad

Análisis de la obra ‘Cien años de soledad’

Sobre la novela ‘Cien años de soledad’

plantacion-banano

” Más del 90% de los bananos comercializados a nivel internacional son producidos en plantaciones de monocultivos de América Latina, África Occidental, y Filipinas. Estas plantaciones son controladas casi en la mayoría, únicamente por cinco compañías.

Las dos compañías productoras y comercializadores de banano más grandes están establecidas en EEUU: Dole Food Co. (anteriormente conocida como Standard Fruit) y Chiquita Brands Internacional (anteriormente conocida como United Fruit Company y después United Brands).

Después, se ubica Fresh Del Monte Produce, controlado por el grupo IAT establecido en Chile (cuyo capital se encuentra en los Emiratos Arabes Unidos) y controla un 15% del comercio bananero. La oficina central de Fresh Del Monte Produce se encuentra en Miami, EEUU.

La cuarta compañía más grande exportadora de banano es Exportadora Bananera Noboa (de la marca Bonita) que forma parte del conglomerado ecuatoriano más grande. El Grupo Noboa controla un cuarto de las exportaciones ecuatorianas y por lo tanto un 9% del comercio mundial total.

En quinto lugar, se ubica la compañía de fruta irlandesa Fyffes, con una participación alrededor del 7%. Fyffes ha logrado controlar casi el 20% del mercado de la UE-25″.

Tomado de /www.bananalink.org.uk/content/view/61/21/lang,esp/

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La peonza antes de Cristo

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-¿Es acaso posible- dije- que una misma cosa se esté quieta y se mueva al mismo tiempo en una misma parte de sí misma?
-De ningún modo.
(…)
-Y si el que dijere tal cosa diera pábulo a sus faecias pretendiendo que las peonzas están en reposo y se mueven enteras cuando bailan con la púa fija en un punto o que pasa lo mismo con cualquier otro objeto que da vueltas sin salirse de un sitio, no se lo admitiríamos, porque no permanecen y se mueven en la misma parte de sí mismos.

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Diríamos que hay en ellos una línea recta y una circunferencia y que están quietos por su línea recta, puesto que no se inclinan a ningún lado, pero por su circunferencia se mueven en redondo; y que, cuando inclinan su línea recta a la derecha o a la izquierda o hacia adelante o hacia atrás al mismo tiempo que giran, entonces ocurre que no están quietos en ningún respecto.

Extracto de “La República” de Platón.Siglo IV a. C. (pdf)

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Cual peonza que a impulso del retorcido látigo hacen girar los muchachos en sus juegos, formando un ancho corro en los desocupados atrios, y pasmándose de ver cuál corre de aquí para allá en circulares trechos el tornátil boj batido por la correa y acelerado por ella en su veloz carrera, tal y no menos rápida se precipita la Reina por las ciudades y las indómitas tribus de su pueblo.

Fragmento de “La Eneida” (libro VII) de Virgilio. Siglo I a. C. (pdf)

Orígenes del juego de la peonza

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Pérez-Reverte real académico de la lengua española ¡por cojones 33!

Arturo Pérez-Reverte trabajó en Televisión Española como reportero especialista en conflictos armados: la guerra de Chipre, la guerra del Líbano, la guerra de Eritrea, la campaña de 1975 en el Sahara, la guerra del Sahara, la guerra de las Malvinas, la guerra de El Salvador, la guerra de Nicaragua, la guerra del Chad, la crisis de Libia, las guerrillas del Sudán, la guerra de Mozambique, la guerra de Angola, el golpe de estado de Túnez, etc. Los últimos conflictos que ha vivido son: la revolución de Rumania (1989-90), la guerra de Mozambique (1990), la crisis y guerra del Golfo (1990-91), la guerra de Croacia (1991) y la guerra de Bosnia (1992-93-94).


Que Pérez-Reverte con su displicencia genera pasiones y rechazo a partes iguales es obvio; tiene además un púlpito excelente, desde 1991 publica una columna en XLSemanal, en ella se despacha a gusto y no deja títere con cabeza si la ocasión y el cuerpo se lo pide. Un ejemplo el artículo publicado el 26 de abril de 1998, que rozando lo soez deviene en gracioso:

“Hace tiempo que mi madre no me da la bronca por abusar el lenguaje soez en esta página, y empiezo a preocuparme. O ella envejece y se acostumbra, o estoy perdiendo facultades y volviéndome lingüísticamente correcto. Por fortuna, todavía llegan cartas de algún lector o lectora inasequibles al desaliento, afeándome mi poca vergüenza. E incluso Nacho Iglesias, el baranda de esta barraca, recibe periódicas sugerencias para que en El Semanal me echen a la calle de una puta vez. La última es de un señor de Oviedo, por la letra jubilado y por el membrete notario, que me afea el uso, e incluso el abuso, de la palabra “cojones”, e incluso sugiere la posibilidad de que yo saque tanto a colación el asunto por algún trauma personal relacionado con mi propia virilidad o, subraya el amable comunicante, mi ausencia de ella. “A ver si es maricón”, concluye, por si no he captado los circunloquios preliminares.
En fin. Al margen de que yo pueda resultar más o menos maricón, la antedicha carta me viene al pelo para traerles a colación un impreso anónimo que hace tiempo circula por ahí, –algún lector ha tenido el detalle de mandármelo–, y que, bajo el título Riqueza del castellano, enumera una exhaustiva relación de las diversas acepciones que en nuestra lengua, la de Quevedo y Cervantes, tienen los atributos masculinos. Y me van a perdonar el notario de Oviedo y mi madre, pero no me resisto a glosar el asunto y poner los cojones en su sitio. Por ejemplo: según confirma con acierto singular el mencionado folleto, el sentido de “cojones” varía según el numeral que lo acompaña. La unidad significa algo caro o costoso (eso vale un cojón), dos puede sugerir arrojo o valentía (con dos cojones), tres significar desprecio (me importa tres cojones), y un número elevado suele apuntar dificultad extrema (conseguirlo me costó veinte pares de cojones).

Del mismo modo, basta un verbo para darle variedad a los significados. Verbigracia: “tener” puede referirse a valentía (esa tía tiene cojones), pero también censura, admiración o sorpresa (¡tiene cojones! ). “Mandar” indica perplejidad (¡manda cojones! ); expresión que, en su variante ¡manda huevos!, hizo recientemente popular en sesión de las Cortes, mi paisano y compañero de maristas Federico Trillo.
Siguiendo con los verbos, acompañado de “poner” puede significar reto o aplomo(puso los cojones encima de la mesa), y el verbo “tocar” implica molestia, hastío o indiferencia (me toca los cojones), vagancia (se toca los cojones) e incluso desafío (anda y tócame los cojones). El término es también acepción de lentitud (viene arrastrando los cojones). Y en cuanto a amenaza, su uso es frecuente (te voy a volar los cojones) e incluso se recurre a ello para describir agresión física (fue y le pateó los cojones).

Los prefijos y sufijos también son importantes de cojones. Por ejemplo, a- significa miedo (acojonado), des-implica regocijo (descojonarse), y -udo implica calidad o perfección (cojonudo). También las preposiciones matizan lo suyo: “de” alude a éxito (nos fue de cojones) o intensidad (hace un frío de cojones), “hasta” define ciertos límites (hasta los cojones) y “por” alude a intransigencia (por cojones). También se recurre a ellos como lugar de origen para definir cierto tipo de actitudes intrínsecamente españolas y como origen de voluntad inapelable (porque me sale de los cojones).

En cuanto al color, la textura o el tamaño del asunto, los significados son ricos y diversos como la vida misma. Un color violeta define bajas temperaturas (se me quedaron los cojones morados de frío). Posición y tamaño son decisivos, tanto para precisar pachorra y tranquilidad (se pisa los cojones) como coherencia (lleva los cojones en su sitio).
Sin que falten referencias cultas o históricas (tiene los cojones como el caballo de Espartero). Así que ya me dirá usted, señor notario. A ver cuándo Shakespeare, o Joyce, o la madre que los parió, en esa jerga onomatopéyica y septentrional que usaban los pastores para llamar a las ovejas, y los piratas para repartirse el botín contando con los dedos, fueron capaces de utilizar, con todo su Oxford, la palabra equivalente con tanta variedad, y tanta riqueza, y tanta prosapia como la usa hasta el más analfabeto de nuestros paisanos. Tres mil años de griego, latín, árabe y castellano respaldan el asunto. Lo que, se mire por donde se mire, es un respaldo lingüístico de cojones”. Artículos de Pérez-Reverte 1995/1998

Si queréis disfrutar de los artículos desde el año 2001 al 2008, disponibles online en XLSemanal, sólo tenéis que poner el año en el buscador en este enlace,  y a disfrutar !! .

La cuestión es que de manera milagrosa para algunos y justificada para otros por su capacidad de escribir novelas que se convierten en las más vendidas en España o son adaptadas a la gran pantalla con éxito de taquilla, Arturo Pérez-Reverte se convierte en miembro de la Real Academia española el 12 de junio de 2003.

He encontrado, en internet, un testigo directo de esa ‘regia entrada’, que lo narra cual si fuere don Benito Pérez Galdós. Os extraigo partes de su experiencia personal:

A las seis de la tarde del jueves doce de junio de 2003, en Madrid, la calle hervía a treinta y nueve grados. ¡Pérez-Reverte en la Real Academia! (….)
Pero ¡qué calor!, ¿cómo es posible que no haya aire acondicionado?, con la que está cayendo…, y todavía queda media hora para que empiece esto, no sé si voy a aguantar, y mira que es duro el banco de madera en delantera de lateral del gallinero académico, pero lo peor es la chicharrera, (….)
Así es que así es como por fin empezó la ceremonia, con el príncipe recorriendo la larguísima alfombra por el estrecho pasillo central, camino de la mesa de la presidencia, acompañado por la ministra de cultura y el director de la Academia.
Ya sentado en la presidencia, Felipe de Borbón invitó a los dos miembros más recientes de la corporación, Luis Ángel Rojo y Margarita Salas, a “introducir” en la sala al académico electo, y allá que se fueron con su encomienda el economista y la científica, abandonaron sus sillas para recorrer el pasillo alfombrado en dirección contraria a la del príncipe un minuto antes, a buscar al novelista, que les esperaba fuera.
Cuando entraron, el dúo se había tornado trío, y a su frente avanzaba Pérez-Reverte entre los aplausos entusiastas de la concurrencia, inusuales, al parecer, en estas sesiones. Sonriente, con gesto de confianza, casi confianzudo, avanzaba el escritor, y a grandes pasos, muy rápido, tal vez queriendo apurar cuanto antes ese mal trago, y por eso a demasiada distancia de sus “introductores”, que se veían incapaces de acompasar la marcha a las zancadas del cartagenero, que además andaba con la cabeza ladeada, “columpiando la estatura y meciendo la persona” -como luego diría él del jaque setecentesco protagonista de su discurso-, quizá con una campechanía exagerada para restarle solemnidad al paseíllo o desmentirla de alguna manera. Acomodado el nuevo académico en su silla, ante una mesita minúscula y un micrófono, el príncipe le dio la palabra para que empezara a leer sus folios.
(….)


Y tan entretenido que estaba yo, cómo no iba a estarlo con ese venga a levantarse y sentarse gente, ese traspaleo de excelentísimos y altos magistrados del idioma alfombra arriba y abajo, tan ricamente que se me habían pasado esos dos o tres minutillos, y hasta se me había olvidado el calor. Pero aymé, que todavía tenía que discursear el discurseador, y ya sabemos que son rarísimos quienes hacen caso de lo que decía Cervantes, aquello de que ‘no hay razonamiento que, aunque sea bueno, siendo largo lo parezca’, y no había por qué esperar que estuviera entre ellos Pérez-Reverte. Que empezó a leer quizá demasiado rápido, con dicción por momentos imprecisa, sin llegar a ser atropellada pero tampoco del todo clara, y de esa manera, tras el recuerdo de rigor del gran don Manuel Alvar, el académico que le precedió en el sillón de la letra T, encaminó el discurso a su meollo, ”
El habla de un bravo del siglo XVII“, ¡aymé!, y qué calor que empezó a hacer otra vez. (….)
Y no puedo dejar de declarar que el discurso de Pérez-Reverte, si al principio me sorprendió y al breve rato me aburrió, después de media hora larga y sin visos de terminar (y yo venga a mirarle las manos, para ver cuántos folios quedaban en el mazo de los aún no leídos, y cómo iba menguando), después de todo ese tiempo, digo, me resultó francamente cargante.


“Enfunda luego las gambas en las cáscaras, las medias, y después se calza lo que algunos germanes llaman duros, o pisantes, pero que él prefiere denominar calcos…”.

Narrativamente chato, amén de eterno, me pareció el relato de un día en la vida del rufián español del siglo diecisiete, mera excusa para demostrar su dominio de la germanía de la época. “Pero si no hacía falta que justificara de esta manera su elección como académico”, decíame yo para mí, “si para todos está claro que se le ha elegido por su éxito como novelista, y que esa sea razón suficiente para entrar en la Academia ya pocos lo discuten; si no necesitaba exhibir ningún mérito lingüístico o filológico –y este desde luego no lo es- más allá del buen uso que haga del español para contar historias…”.

“…tachonado de cuero, que así llama él al cinto, con espada, o mejor toledana, de cazoleta y grandes gavilanes, larga de seis o siete jemes, casi palmos…”

Después de diez o quince minutos, esto a mí ya casi no me dolía, estaba insensibilizado, y hasta daba en sonreír cuando el texto intentaba alguna gracia, aunque sólo fuera para acompañar la sonrisa contagiosa y muy simpática del príncipe, allá abajo en la mesa presidencial, y a veces me echaba para atrás en el banco y dejaba de ver al novelista unos segundos, luego me inclinaba hacia delante otra vez y apoyaba la cabeza en la mano derecha, vuelto a la izquierda para verle de nuevo.(….)
Y mientras tanto Pérez-Reverte continuaba inmisericorde su monótono despliegue de los términos y las expresiones que conformaban la jerga de jaques y rufianes en el Siglo de Oro español, para eso igual le habría valido una lista de equivalencias, un vocabulario, cada palabra con su significado, en lugar de armar este cuento aburridísimo a base de “el siete o la sota en forma de teja o boca de lobo, astillarlo con una marca o un raspado o hacerle la ceja para reconocerlo, despluman a chapetones incautos con barajas a las que también llaman huebras…”


Ilustraciones Capitán Alatriste, Joan Mundet

“Muchas gracias”, dijo por fin el novelista, y tras una ovación atronadora, tomó la palabra Gregorio Salvador, uno de sus padrinos en la Academia, para contestarle y hacer su elogio. (…)
Ahora, lo hiperbólico de verdad fue el final. Salvador había recordado hacía unos minutos la fascinación del escritor adolescente por aquel pasaje de Jenofonte en que los soldados griegos alcanzan la cumbre de una montaña y avistan el mar (“¡Zalasa, zalasa! ¡El mar, el mar!”), y volvió a ese motivo para terminar su discurso, tal vez sin calcular el ligero efecto de… ¿vergüenza ajena? que podría causar en ánimos tan susceptibles como el mío tras casi dos horas de sesión académica, fogaje ambiente y sobredosis de germanía:
“Estás ya en tu sitio, Arturo, estás donde debías, en la Real Academia Española. El camino ha sido arduo, los trabajos muchos, duro el vivir. Pero has alcanzado la cumbre, como los soldados griegos de Jenofonte (¡zalasa!, ¡zalasa!), y has llegado a esta casa, que va a ser la tuya…”.
Tomado de: Pérez Reverte en la Real Academia, Cuaderno de lengua

Mostró especial inquina Pérez-Reverte contra Francisco Umbral, dos artículos fueron los más sonados:

Sobre Borges y sobre gilipollas y   El muelle flojo de Umbral

Todas las columnas de Francisco Umbral, El Mundo

www.capitanalatriste.com

Real Academia Española

Real Academia de la Lengua Vasca

Real Academia Galega

Academia Valenciana de la Lengua

Institut d’Estudis Catalans

Orígenes de la lengua española

El habla de un bravo del siglo XVII (discurso completo)

Cuaderno de la Lengua

www.joanmundet.com


Pulgarcito de Charles Perrault, un cuento violento del siglo XVII

Ilustraciones de Gustave Doré

Érase una vez un leñador y una leñadora que tenían siete hijos, todos ellos varones. El mayor tenía diez años y el menor, sólo siete. Puede ser sorprendente que el leñador haya tenido tantos hijos en tan poco tiempo; pero es que a su esposa le cundía la tarea pues los hacía de dos en dos. Eran muy pobres y sus siete hijos eran una pesada carga ya que ninguno podía aún ganarse la vida.(…)
Sobrevino un año muy difícil, y fue tanta la hambruna, que esta pobre pareja resolvió deshacerse de sus hijos.

Una noche, estando los niños acostados, el leñador, sentado con su mujer junto al fuego, le dijo:
-Tu ves que ya no podemos alimentar a nuestros hijos; ya no me resigno a verlos morirse de hambre ante mis ojos, y estoy resuelto a dejarlos perderse mañana en el bosque, lo que será bastante fácil pues mientras estén entretenidos haciendo atados de astillas, sólo tendremos que huir sin que nos vean.(…)
Pulgarcito oyó todo lo que dijeron pues, habiendo escuchado desde su cama que hablaban de asuntos serios, se había levantado muy despacio y se deslizó debajo del taburete de su padre para oírlos sin ser visto. Volvió a la cama y no durmió más, pensando en lo que tenía que hacer. Se levantó de madrugada y fue hasta la orilla de un riachuelo donde se llenó los bolsillos con guijarros blancos, y en seguida regresó a casa. Partieron todos, y Pulgarcito no dijo nada a sus hermanos de lo que sabía. Fueron a un bosque muy tupido donde, a diez pasos de distancia, no se veían unos a otros. El leñador se puso a cortar leña y sus niños a recoger astillas para hacer atados. El padre y la madre, viéndolos preocupados de su trabajo, se alejaron de ellos sin hacerse notar y luego echaron a correr por un pequeño sendero desviado.

Cuando los niños se vieron solos, se pusieron a bramar y a llorar a mares. Pulgarcito los dejaba gritar, sabiendo muy bien por dónde volverían a casa; pues al caminar había dejado caer a lo largo del camino los guijarros blancos que llevaba en los bolsillos. Entonces les dijo:
-No teman, hermanos; mi padre y mi madre nos dejaron aquí, pero yo los llevaré de vuelta a casa, no tienen más que seguirme.

Lo siguieron y él los condujo a su morada por el mismo camino que habían hecho hacia el bosque. Al principio no se atrevieron a entrar, pero se pusieron todos junto a la puerta para escuchar lo que hablaban su padre y su madre.
En el momento en que el leñador y la leñadora llegaron a su casa, el señor de la aldea les envió diez escudos que les estaba debiendo desde hacía tiempo y cuyo reembolso ellos ya no esperaban. Esto les devolvió la vida ya que los infelices se morían de hambre. El leñador mandó en el acto a su mujer a la carnicería. Como hacía tiempo que no comían, compró tres veces más carne de la que se necesitaba para la cena de dos personas. Cuando estuvieron saciados, la leñadora dijo:
-¡Ay! ¿qué será de nuestros pobres hijos? Buena comida tendrían con lo que nos queda. Pero también, Guillermo, fuiste tú el que quisiste perderlos. Bien decía yo que nos arrepentiríamos. ¿Qué estarán haciendo en ese bosque? ¡Ay!: ¡Dios mío, quizás los lobos ya se los han comido! Eres harto inhumano de haber perdido así a tus hijos.
El leñador se impacientó al fin, pues ella repitió más de veinte veces que se arrepentirían y que ella bien lo había dicho. Él la amenazó con pegarle si no se callaba. No era que el leñador no estuviese hasta más afligido que su mujer, sino que ella le machacaba la cabeza, y sentía lo mismo que muchos como él que gustan de las mujeres que dicen bien, pero que consideran inoportunas a las que siempre bien lo decían. La leñadora estaba deshecha en lágrimas.-¡Ay! ¿dónde están ahora mis hijos, mis pobres hijos?…continuar leyendo Leer más de esta entrada