Muralla de Santiago de Compostela

Al morir el califa andalusí Al-Hakam II (976), le sucedió su hijo Hisham II, que tan sólo tenía 11 años. Con la ayuda de la madre de éste, Muhammad Ibn Abi Amir consiguió el gobierno absoluto del Califato de Córdoba y posteriormente rompió la paz con los reinos cristianos, entrando en las tierras de aquellos con sus ejércitos. Consiguió importantes triunfos que le valieron el sobrenombre de Almanzor (el Victorioso).

Entre el 977 y el 1002, Almanzor llegó a realizar hasta 56 incursiones en territorio cristiano, utilizando siempre el mismo método, la razia, una acción bélica rápida y violenta que causaba gran terror en la población; con el saqueo y la captura de personas –convirtiéndolas en esclavos– llegaba a obtener verdaderas fortunas.

En el año 997, Almanzor emprende una de sus últimas empresas. Conocedor de la importancia que va tomando la ciudad de Santiago, decide dar un golpe de efecto contra la ciudad que era el centro religioso de la España cristiana. En el camino hacia Galicia destruye Padrón y el 2 de agosto llega a Santiago de Compostela, ciudad que queda abandonada ante la imposibilidad de defenderla. Almanzor arrasa la ciudad y obtiene un importante botín.

Pero el desarrollo de la urbe compostelana es ya imparable. Entre los años 1000-1300 se produce el desarrollo del urbanismo medieval compostelano. La ciudad se dota de un segundo recinto amurallado, una vez destruido el primero por Almanzor, rellenando el espacio intramuros con la catedral románica, iglesias parroquiales, casas y calles. Fuera de la muralla surgen los arrabales: conventos mendicantes (dominicos, franciscanos, clarisas y dominicas).

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