Ken Oosterbroek & Kevin Carter

Esta fotografía conmovió al mundo en 1994. Quizás hubiese caído en el olvido de no haber sido premiada con el Pulitzer ese año. E incluso la vida de su autor hubiera tenido otro final de no haber ocurrido esto. Así que contaré la historia que esconde , para aquellos que aún no la conozcan.

The Bang Bang Club era un grupo de cuatro fotógrafos sudafricanos, integrado por Greg Marinovich, Joao Silva, Kevin Carter y Ken Oosterbroek. La amistad entre los miembros del Bang Bang Club empezó en los años 80 .
En 1994 el Bang Bang Club reconocía: “Les habíamos cerrado la puerta a todos los fotógrafos que se nos querían unir. Sí, éramos arrogantes, elitistas y muy competitivos. Era un poco ridículo, pero la verdad es que habíamos pasado años aprendiendo cómo conseguir buenas fotos en circunstancias tan difíciles, y no queríamos ayudar a ningún advenedizo, fuera local o extranjero, que pretendiera hacer lo suyo en un par de semanas y después irse”.

El Bang Bang Club fotografió casi todo, incluso la agonía de uno de sus integrantes, Ken Oosterbroek, que fue asesinado por una bala perdida en Tokoza, en 1994.

En cuanto a Kevin Carter, había nacido en una familia cristiana de clase media. “En casa no éramos racistas, sino supuestos liberales. Fui criado para amar a mis semejantes, pero ahora cuestiono a la generación de mis padres por no haber hecho nada contra el apartheid“. Kevin Carter sintió que su carrera como fotógrafo estaba en un punto muerto y decidió hacer un viaje a Sudán.

Lo acompañó su amigo Joao Silva. Querían trabajar en el “El Triángulo de la Hambruna”, en el sur de Sudán, donde el gobierno islámico estaba en guerra con las tribus Nuer y Dinka.

Llegaron en un avión de las Naciones Unidas cargado de comida. “Los pobladores hambrientos rodearon el avión, salvo aquellos demasiado débiles para caminar, que esperaban sentados alrededor de un improvisado comedor”.

” During the last 5 years of Sudan’s decade-long civil war, increased fighting and food shortages in southern Sudan have led to displacement of large numbers of persons. In late 1992, the United Nations (UN), the government of Sudan, and factions of the Sudanese People’s Liberation Army negotiated increased access for delivery of relief aid to civilians in southern Sudan. To assist in the targeting of food and other relief aid, CDC and the U.S. Agency for International Development’s Office of Foreign Disaster Assistance conducted rapid assessments of nutritional status (children aged less than 5 years) and mortality (persons of all ages) during March 7-19, 1993, at four sites in three states: Ame (Eastern Equatoria), Ayod and Kongor (Upper Nile), and Akon (Bahr el Ghazal) (Figure 1). This report summarizes findings of the assessments.

Ame, Ayod, and Kongor were selected as assessment sites because of known food shortages. Ame camp, established in early 1992, had an estimated 47,000 displaced persons; however, reliable census data were not available for any of the four assessment sites. Ayod and Kongor are in the current epicenter of famine in southern Sudan. Airlifts of food to airstrips in Ayod and near Kongor began in late December 1992 but subsequently were sporadic because of security and logistical constraints. The sizes of the populations around these airstrips have fluctuated in relation to delivery of food. The Akon area suffered a famine in 1988 and heavy flooding with crop destruction in 1991 and 1992, increasing the potential for another famine”.Tomado de ‘ Nutrition and Mortality- Southern Sudan, March 1993′

Kevin Carter capta en la aldea de Ayod, la imagen de “la niña y el buitre”. No la ayudó a llegar al comedor, que estaba sólo a unos metros. Después Carter vendió la foto al New York Times, que fue publicada el 30 de marzo de 1993, y consagró a Kevin Carter al conseguir el Pulitzer de Fotografía de 1994. Pero también creó en su autor una angustia …le preguntaban continuamente si había salvado a la niña, o si la había dejado a merced del buitre, Carter tuvo que confesar que no había hecho nada. La foto se había convertido en un símbolo de la hambruna.

El 12 de abril de 1994, la foto ganó el Premio Pulitzer : “Es la foto más importante de mi carrera, pero no estoy orgulloso de ella”. “No quiero ni verla. La odio”, decía Carter.

Greg Marinovich (premiado con un Pulitzer 1991) cree que los cuestionamientos, sobre la omisión de ayuda a la niña lo estaban enloqueciendo. “Cuando Joao Silva y yo estuvimos en Somalia en 1992, en medio de la hambruna, ninguno de los dos recogió a un solo chico enfermo o agonizante, aunque vimos cientos. Los mirábamos morir y sacábamos fotos. Yo me sentí impotente cuando fotografié a un hombre cuyo último hijo se le estaba muriendo en sus brazos. Eran buenas fotos; la tragedia y la violencia son imágenes poderosas; por eso las pagan así. Algo de la emoción, de la empatía y la vulnerabilidad que nos hacen humanos se pierde cada vez que apretamos el disparador”.

En la primera mitad de los ‘90, Tokoza era el barrio negro más peligroso de Sudáfrica, a sólo 16 kilómetros al sudeste de Johannesburgo. Los muertos durante los enfrentamientos eran tantos que la policía dejaba los cuerpos tirados en las calles durante gran parte del día, supuestamente porque no daban abasto. Había jaurías de perros callejeros que se alimentaban de cadáveres.

El 18 de abril de 1994, el Bang Bang Club (salvo Kevin Carter, que estaba dando entrevistas por su Pulitzer) entró a Tokoza. Querían cubrir la batalla entre los partidarios del CNA e Inkatha. Iba a ser atroz: faltaba muy poco para las elecciones. Esta vez estaban los peace-keepers, un cuerpo policial transitorio integrado por miembros de la policía sudafricana, miembros del ejército de las homelands y guerrillas de los movimientos de liberación, que tenía como fin controlar la violencia, sin ninguna eficiencia.

El 8 de agosto de 1993, ocho jóvenes habían sido detenidos en el poblado de Tokoza por miembros de las fuerzas de seguridad en dicha zona, donde fueron agredidos y torturados. La representante de la Junta Independiente de Investigaciones se había puesto en contacto con ellos unos días antes de su deposición y había sido informada del trato que habían recibido. Estos jóvenes permanecían encarcelados, según la testigo, ya que no podían facilitar la información que se les exigía, a saber el paradero de las armas de fuego en el poblado de Tokoza. La testigo se refirió a algunos otros incidentes y declaró que las personas detenidas eran torturadas sistemáticamente por la policía de Sudáfrica (SAP), independientemente que hubiesen sido detenidos por delitos penales o políticos.(Comisión Derechos Humanos,ONU)

La incapacidad de la policía había irritado a Ken Oosterbroek (Ken O), que era el único miembro del Bang Bang Club que se había hecho famoso y amenazaba convertirse en una leyenda viviente, no sólo por su prestigio como jefe de fotografía del diario de mayor tirada de Johannesburgo, sino por su itinerario vital, nacido en una familia conservadora y racista se dedicaba a documentar la violencia. Al atardecer, después de una discusión de Ken O con los policías, el Bang Bang Club se protegió precariamente de un tiroteo. No fue suficiente, las balas policiales hirieron a Greg Marinovich, que estuvo a punto de perder un pulmón, y Ken O agonizaba en brazos de Gary Bernard ( fotógrafo del Star), mientras Joao Silva los fotografiaba. Ken O murió camino al hospital.

Sin embargo, al día siguiente, Joao Silva y Carter volvieron a Tokoza y fotografiaron el estallido de violencia más grande de toda la guerra civil, y el último de esa magnitud.

Dos días después de Tokoza, Inkatha anunció que participaría en las elecciones, y aceptó un alto el fuego. Ante la decisión, Nelson Mandela dio un discurso, en el que dijo: “Esperemos que Ken Oosterbroek haya sido la última víctima”. Hoy, en Tokoza, en el mismo sitio donde cayó bajo las balas, hay un monumento que lo recuerda.

Fue una época desesperada, breve pero marcada a fuego en nuestra memoria, cuando eran comunes los asesinatos indiscriminados en trenes, taxis y buses, y ocurrían masacres a intervalos regulares: Sebokeng, Tokoza, Bisho, Boipatong, y los campos de la muerte de KwaZulu Natal, a causa de la sangrienta rivalidad entre el Congreso Nacional Africano y el Partido zulu Inkatha por la Libertad.(Leer: Desmond Tutu )

Pocos meses después, el 27 de julio, Kevin Carter entró a su camioneta, conectó el escape a una manguera, cuyo otro extremo echaba los vapores dentro de la cabina herméticamente cerrada … Dejó una nota, de más de ocho páginas, decía: “Estoy deprimido, sin teléfono, sin dinero… atrapado por imágenes de asesinatos y cadáveres, furia y dolor, niños heridos o muriéndose de hambre, hombres que apretan el gatillo con alegría, policías y ejecutores… Voy a reunirme con Ken, si tengo suerte”.

Escribe Marinovich: “hay una parte de mí que sigue viendo la muerte de Kevin de la misma manera que la vieron los jóvenes luchadores de Tokoza. Un día, volvimos con Joao a la calle Khumalo, muy cerca de donde había muerto Ken O, y nos encontramos con un grupo de camaradas que nos recordaban. Sus casas estaban inhabitables, incendiadas, pero ellos seguían ahí, porque no tenían dónde ir. Uno de ellos se había enterado del suicidio de Kevin, y me dijo burlonamente: ¿La vida era demasiado dura para él? – No supe qué contestarles”.

Fue el fin del Bang-Bang Club: “Nos sentíamos culpables. Nos sentíamos buitres. Habíamos pisoteado cadáveres, metafórica y literalmente, para ganarnos la vida. Pero no habíamos matado a esa gente. De hecho, salvamos vidas. Y, a lo mejor, nuestras fotos marcaron una diferencia, mostrándole al mundo la lucha de la gente por sobrevivir, algo que de otro modo no hubieran conocido, o no tan nítidamente. Hubo momentos, como en Soweto, donde fui culpable por no intervenir. Pero yo no tenía la culpa por los miles de hutus muriendo de cólera en el este del Zaire, ni por la policía abriendo fuego sobre civiles desarmados en Boipatong.

El sentimiento de culpa quizá tenía que ver con nuestra incapacidad de ayudar. Manejar la culpa es fácil. Superar la incapacidad de ayudar es mucho más difícil, casi imposible. Hoy puedo decir que no sufrimos ni la centésima parte de lo que sufrió la gente de nuestras fotografías. Hoy puedo decir que no éramos responsables: solamente testigos”. Más información en TIME domestic 12 September 1994


Sudán


ACTUALIZACIÓN, 20 de febrero de 2011- Crónica/El Mundo:

El periodista Alberto Rojas se desplaza a la aldea de Ayod para encontrar la pista de la niña. Finalmente descubre que, en realidad, era un niño, Kong Nyong, y que moriría 14 años después del encuentro fugaz con Kevin Carter.

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Acerca de nieves
Nací en Bustiello (Santa Cruz de Mieres), un pueblecito asturiano a la orilla del río Aller. Actualmente vivo en Santiago de Compostela e intento enseñar matemáticas en centros públicos de Galicia.

One Response to Ken Oosterbroek & Kevin Carter

  1. USAGUI TSUKINO dice:

    ¡ HOLA ! SOLO QUIERO FELICITARLOS POR LAS ESTUPENDAS FOTOS, PERO NO SOY UNA DE LAS PERSONAS QUE JUZGAN A LOS DEMAS, SOLO SE QUE AUNQUE USTEDES ESTABAN AHI Y SI TRATABAN DE HACER ALGO, NOSOTROS NO PORDRIAMOS VER MUCHAS DE LAS COSAS QUE USTEDES NOS HAN TRASNSMITIDO PORQUE NO ES LO MISMO ESCUCHARLO QUE VERLO PORQUE BIEN DICEN POR AHI QUE OIDOS SORDOS PERO NO OJOS CIEGOS, PORQUE LO QUE SE VE NO SE NIEGA AUQUE MUCHOS TRATEN DE HACERLO CADA UNO TENEMOS CRITERO PROPIO Y CREEMOS LO QUE NOS CONVIENE Y A MUCHOS LO QUE NOS DICTA LA CONCIENCIA PERO BUENO NO DEJEN DE HACER LA DIFERENCIA PORQ SI USTEDES NO LO HACEN LA DEMAS GENTE QUE SE QUEJA O LOS CRITICA NO LO VA A HACER PORQUE NO LOS VA A VER .

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