Reconstrucción de Homo antecesor, digitalizada/3D/Ferran Gerhard – Xavier Cáliz
El modelado kárstico de la Sierra de Atapuerca se caracteriza por la escasez de formaciones en la superficie (exocársticas) y un gran desarrollo de sus formas subterráneas (endocársticas). El karst de la Sierra de Atapuerca es el más desarrollado de la Cuenca del Duero, con unos 3′7 kilómetros de recorrido.

Sierra de Atapuerca (Burgos, España)
La Sierra está formada por roca caliza, soluble al agua. El macizo calizo albergó agua subterránea hasta que el río Arlanzón labró su valle y el nivel del agua descendió. El agua se filtra por las grietas disolviendo la caliza y generando grandes oquedades que en algún momento se abren al exterior. Los animales y los seres humanos entraron y depositaron allí restos de comida y herramientas, que serán cubiertas por más sedimentos. Las cuevas se van rellenando dejando ‘escritos’, entre capa y capa de sedimentos, episodios de la vida de los grupos que las habitaron. Evidencias que testimonian la vida cotidiana de las sociedades prehistóricas. En la actualidad, el paisaje de la Sierra de Atapuerca presenta la diversidad y riqueza que también tenían los seres humanos del Pleistoceno.

En 1976 el ingeniero de minas Trino Torres desciende a la Sima de los Huesos en busca de restos de osos [Ursus deningeri] y recupera junto con restos de estos animales, varias piezas dentarias, craneales y tres mandíbulas humanas que confía al paleontólogo Emiliano Aguirre.









